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Coronavirus: las dos caras de la pandemia

Las situaciones críticas hacen surgir lo mejor de las personas, pero también lo peor. Hemos visto médicos, enfermeras y policías que calladamente cumplen su tarea, tratando de cuidarse y de cuidar al otro. Hemos visto gente de todas las edades que responsablemente cumple con la cuarentena, sale sólo para lo indispensable, encuentra maneras de pasar el tiempo de modo útil, que mantiene la actividad escolar de sus hijos, que colabora con sus vecinos. Pero también hemos visto gente que, por miedo o por ignorancia —o por ambas— señala, denuncia, y se pone en censor como si las personas infectadas fueran delincuentes a los que hay que combatir.

Hemos visto gente que organiza cuarentenas mentirosas gracias a su fama o a su dinero. Hemos visto gente que deserta de sus obligaciones por un temor irracional, sin hacer uso de sus conocimientos, y sin hacerse cargo de sus responsabilidades.

En la impresionante novela de José Saramago “Ensayo sobre la ceguera” se describe una peste que invade a una ciudad y luego se extiende. A modo de parábola de la sociedad actual, donde una situación límite lleva al pánico y al desorden, la ceguera lleva a que todos, afectados y sanos, luchen por sobrevivir a costa de perder rasgos de humanidad.

Sería bueno que esta pandemia, que nos pone a todos a prueba, sirva para recuperar la lucidez y rescatar el afecto, y donde primen los valores que nos hacen más humanos en lugar del sálvese quien pueda que lleva al desorden social y a nuestra desvalorización como personas.

No alentemos rumores o información irresponsable. Existe buena información, de calidad y comprensible para todos, desde las autoridades nacionales y provinciales de salud, o desde las sociedades científicas. La ignorancia y la desinformación son malas consejeras. El temor es un arma útil para enfrentar los peligros, pero no debe ser reemplazado por un miedo irracional que deforma la visión de las cosas y nos hace perder la perspectiva real de qué cosas son peligrosas y cómo debemos cuidarnos.

Tratemos de que nuestra actitud se parezca a la cara luminosa de la solidaridad y el cuidado, y no a la cara oscura del escrache y la salvación individual.

Ingrid Waisman

23 de marzo de 2020